1996 · El Gimnasio Juan Francisco Canil
El gimnasio cerrado era un anhelo viejo. La obra arrancó en 1994, con un club que peleaba cada temporada por la permanencia y por seguir creciendo. La gran oportunidad llegó con la venta de Juan Manuel Moltedo al Il Messaggero de Roma y con la transferencia de Marcelo Capalbo en el medio local.
Una empresa levantó la estructura de hormigón y el resto lo hizo la gente del club. Hubo socios que hicieron la instalación eléctrica y otros que colocaron los aros. Los tableros llegaron de Canadá y las gradas eran las de las domas de la Rural del Prado. Con la plata justa, la obra la terminó casi solo Efraín Gil Morales, que entraba todos los días a las seis de la mañana. En el Federal de 1995, mientras se colocaba el piso, Malvín jugó de local en el Cilindro Municipal.
Cacho Canil, que había empujado el gimnasio por todos los medios, falleció antes de verlo terminado. El 28 de enero de 1996, el día del aniversario del club, el presidente Werther Yánez descubrió las placas con su nombre, en una noche de festejo con básquetbol femenino y masculino, gimnasia rítmica, handball, vóleibol, fútbol de salón y karate.
Los directivos de aquel momento no dudamos ni un instante en que el nombre del nuevo gimnasio debía ser el de Juan Francisco Canil.
Werther Yánez, presidente del club en 1996